Cuando en la pareja uno de los dos decide en cierto momento o desde el principio, educar con una metodología diferente a la tradicional como es la Disciplina Positiva y la otra parte no, se produce un desequilibrio y un gran malestar para la persona que ha tomado la decisión.

A nuestra consulta llegan muchas mamás que desesperadas nos preguntan qué pueden hacer para que el papá de los niños no emplee castigos, gritos o amenazas.

Normalmente es la mamá quien da el primer paso y decide que no quiere seguir educando a sus hijos con el método tradicional y quiere con todas sus ganas tener el apoyo del papá. No suele ser el padre quien da el primer paso, aunque algún caso hemos conocido.

Esta mamá que en nuestros talleres o en consulta está totalmente convencida de querer un cambio porque ve cómo cada día que pasa todo sigue igual y los momentos que pasa con sus hijos no son lo que ella espera, sino que son momentos de tensión, de conflictos y peleas, resulta, que aparte de encontrarse desesperada por lograr que las cosas cambien, se encuentra muy sola.

Se encuentra con que el camino que ha decidido andar con respeto y mucho amor es un camino muy duro, no solo con relación a los cambios que supone con los niños sino con respecto a la pareja. Es un gran reto educar con Disciplina Positiva cuando uno de los pilares sobre los que la educación de nuestros hijos se sostiene va en un camino totalmente opuesto al nuestro.

Este camino que muchas mamás y papás han elegido es un camino lento. Un camino en el que no se ven resultados inmediatos, pero es el camino por el que nuestros hijos llegarán a ser adultos autónomos, con salidas en la vida, felices, con una estupenda autoestima, con un recuerdo feliz de su infancia y no un amargo recuerdo de peleas y castigos, siendo personas proactivas en la vida y con las habilidades suficientes como para poder vivir sin depender de nosotros.

Estarán a nuestro lado reportando su amor como nosotros lo hemos hecho desde su infancia, pero no tendrán la necesidad y dependencia de sus padres porque ellos mismos serán capaces de hacer lo que se propongan.

Puede que como madres estemos “solas” hasta que ese momento llegue, mientras que dura su infancia y su adolescencia, mientras vemos cuando comenten errores y mientras nosotras los cometemos, pero lo haremos bien porque hemos tomado una decisión y porque sabemos cómo queremos hacerlo y cómo queremos educar a nuestros hijos.

Como madres podemos y tenemos el deber de educar y enseñar a nuestros hijos pero no a nuestra pareja. Es libre de decidir cómo quiere educar a sus hijos al igual que nosotras como madres hemos decidido libremente educarle de esta manera.

Tienen el mismo derecho que nosotras como sus madres a querer educar en libertad y no es obligación que estemos de acuerdo en ello.

Sí es cierto que delante de los niños debemos evitar el reproche entre nosotros como adultos y solucionarlo en privado.

Discutir con nuestra pareja no nos va a ayudar en nada, vamos a seguir igual de solas en el camino, lo único que conseguimos en un distanciamiento que de nada nos va a ayudar.

Antes de ser padres, fuimos pareja y es algo que debemos tener muy presente. No solo somos padres también somos pareja. Pareja a la que hay que cuidar, hay que entender, respetar y con la que también tenemos que empatizar.

Si nos paramos a pensar en ello y olvidamos por un instante nuestra faceta de padres lograremos revivir los momentos de pareja y conectar. Al igual que con nuestros hijos, si estamos conectados con ellos las cosas siempre funcionan mejor. Difícilmente podremos entendernos si estamos desconectados el uno del otro.

Si educando con Disciplina Positiva se vieran resultados tan inmediatos como los conseguidos con un castigo, no existiría ningún desacuerdo en la pareja en este sentido. Pero no es así, los resultados no son para nada inmediatos, hablamos incluso de cuando sean adultos.

Sí que es cierto que con todas las herramientas que la Disciplina Positiva ofrece logramos una mochila llena de recursos que nos facilita mucho el camino y con el paso de los meses los niños muestran comportamientos que con la educación tradicional son impensables. Cada pequeño logro es un grandísimo avance. Pero pretender convencer a nuestra pareja es muy complicado.

Convencer u obligar a que nuestra pareja siga nuestros pasos es agotador para todos, tanto para la pareja como para los niños. No pasa nada si el papá no está de acuerdo. Nuestros hijos no viven en una burbuja y en su vida se van a encontrar situaciones de todo tipo.

Con la enseñanza que por nuestra parte les damos, cuando sean adultos se darán cuenta que aunque su papá y su mamá no estaban de acuerdo y uno les castigaba y el otro no, ambos querían lo mejor para ellos. Cada uno con sus herramientas y con sus formas, unas más acertadas que otras.

Lo que recordarán es que les acompañamos en su crecimiento aportándoles la suficiente fuerza  como para poder comprender a los demás porque les enseñamos cada día que pasaba a ponerse en el lugar del otro.

No obliguemos a papá a hacer lo que no quiere. Mostremos lo que hacemos y con el tiempo se irá dando cuenta de lo que sucede. Al final sin darse cuenta irá detrás de nuestros pasos, con la suerte eso sí, de tenernos a su lado. Momento en el que la pareja volverá a estar unida ya no solo como pareja sino como padres.

Escucha a tu pareja, ponte en su lugar, no obligues, respeta su decisión, su momento y dale el tiempo que necesite. No podemos cambiar a los demás pero sí podemos cambiarnos a nosotros mismos.

No sólo somos padres, también somos pareja.

Con este artículo no queremos excluir a los papás que dan el primer paso y son los que primero van solos en el camino pero la tónica general es al contrario. Así que si eres uno de los papás que has decidido educar desde el respeto y la mamá no te acompaña, no te apures, confía en ti y en tu decisión. Al final todo llega.

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