Con el fin del curso escolar, llegan los debates de siempre en los círculos de madres. Si mi hijo se ha esforzado y ha sacado buenas notas ¿debo recompensarlo con un regalo de fin de curso? ¿Qué tipo de regalo se merece esta ocasión? ¿Es perjudicial premiar a un niño o adolescente por hacer lo que se supone que debe hacer?

A favor y en contra

Por un lado están los padres que afirman que premiar a los hijos por estudiar es malcriarlos. Estudiar es el “trabajo” de los jóvenes y algunos psicólogos afirman que premiarles con cosas materiales por sacar buenas notas les aleja de desarrollar una satisfacción simplemente por el trabajo bien hecho. Además, este tipo de regalos pueden engrandecer una visión materialista del mundo y hacer que el niño siempre espere algo a cambio de sus acciones.

Al lado contrario nos encontramos con progenitores que celebran cada pequeño éxito de sus hijos como si fuera un acontecimiento de importancia mundial: fiestas, uno o varios regalos… En su opinión si un niño (sobre todo uno al que le cuesta estudiar), se ha esforzado, ha hecho sus deberes a diario, ha estudiado cuando preferiría estar jugando y, por consiguiente, ha sacado buenas notas, se merece un regalo. De esta manera se enseña a los niños a que el esfuerzo tiene una recompensa y la expectativa les dará motivación para seguir luchando el curso que viene.

Las diferencias entre ambas posturas vuelven a reducir cada mes de junio; unos piensan que los otros son tacaños, los otros que los unos son materialistas. Unos buscan tener hijos motivados, los otros criar jóvenes disciplinados más allá de cualquier obsequio. 

 ¿Y si mi hijo se ha esforzado mucho? ¿Hay que regalar siempre que se apruebe o solo cuando el resultado sea sobresaliente? ¿Y si este curso a mi hijo no le ha ido bien y se frustra por no tener el regalo de todos los años? El debate y las preguntas que suscita parecen no tener fin.

La opción intermedia

En una arena intermedia están los padres que optan por regalar a sus hijos cosas no materiales: una experiencia nueva (como las que puedes encontrar en https://www.colectivia.com/regalos) , una entrada de cine, un tiempo extra jugando a la videoconsola o una salida con los amigos pueden ser regalos suficientes, enriquecedores y más beneficiosos para los pequeños que los regalos materiales. Al fin y al cabo, casi todos los padres saben que sus hijos tienen juguetes de más y que no juegan más que con unos pocos. Así que ¿por qué no terminar con el eterno debate regalando experiencias inolvidables que hagan disfrutar al pequeño, engrandezcan su mundo y, con suerte, le enseñen algo nuevo?

¿Y tú? ¿En qué lado del debate te posicionas? ¿Sueles hacer regalos de fin de curso a tus hijos? ¡Cuéntanos tu punto de vista y tu experiencia en los comentarios! 

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