Es probable que muchas veces te preguntes: ¿estoy criando a mi hijo correctamente? La mayoría de los padres tenemos esta duda constante de si lo estamos haciendo bien o no.

Ser padre es una responsabilidad muy grande y en ocasiones, esto hace que nos sintamos presionados. Criar niños es un compromiso maravilloso, gratificante y extremadamente estresante. Los niños tienen la increíble habilidad para sacar lo mejor y lo peor de nosotros en un abrir y cerrar de ojos.

No hay un solo estilo de crianza que pueda atender completamente las aspiraciones y miedos que tenemos al momento de criar. Entonces, no hay una respuesta sencilla y directa a la pregunta que te estás haciendo.

Realmente, la pregunta que debemos hacernos no es “¿Estoy criando a mi hijo correctamente?” sino: “¿Soy el adulto que quiero que sea mi hijo cuando crezca?”

Muchos de nosotros, tenemos una respuesta inmediata a esa pregunta: “No”. Y esto es porque conocemos todos nuestros defectos e imperfecciones. Queremos y aspiramos mucho más para nuestros hijos, esperamos que ellos crezcan y sean mejores personas que nosotros.

¿Estoy criando a mi hijo correctamente?

Los niños no aprenden de lo que les decimos, aprenden viendo lo que hacemos. Cada minuto de cada día. Somos su ejemplo a seguir.

Albert Einstein decía que “educar con el ejemplo no es una manera de educar, es la única”. Los niños aprenden por imitación y a los primeros que copian en sus acciones y actitudes es a nosotros, sus padres. Queramos o no, somos sus modelos a seguir.

“No te preocupes si tus hijos no te escuchan, te están mirando todo el tiempo”. Madre Teresa de Calcuta

Debemos ser coherentes con lo que decimos y hacemos:

Si nuestros hijos notan que mentimos, que no somos solidarios, que somos groseros, seguirán nuestro ejemplo. Aunque con palabras le digamos y pidamos a ellos lo contrario, se fijarán en nuestro comportamiento. Entonces, tenemos que darles ejemplo con nuestras acciones y comportamiento más que con nuestras palabras y discursos. Si queremos que nuestros hijos sean solidarios y sinceros, tenemos que serlo nosotros también.

En ocasiones, he visto padres que cuando van en la carretera y un coche los adelanta, insultan sin medida al otro conductor. Y en los eventos deportivos, destacan los gritos e insultos tanto hacia al árbitro como a los del equipo contrario. Recuerda: tu hijo se quedará con el comportamiento negativo que demuestras, antes de quedarse con lo que le digas que haga o deje de hacer.

Si tu hijo nota que eres amable y respetuoso con la gente que te rodea, él también lo será.

Lo mismo pasa si ve que reciclas la basura, si mantienes la casa en orden o la manera en que tratas a tu pareja, entre otras cosas. Así mismo, pasa con los hábitos de higiene, si ve que antes de comer te lavas las manos y después de comer te lavas los dientes, lo verá como algo normal y aprenderá a hacerlo diariamente. Pero si te oye decir palabrotas, aprenderá a verlo como algo normal también.

Por ello, te recomendamos que siempre le transmitas valores a través del ejemplo. Y ese ejemplo son tus acciones. Ser ejemplo no significa ser perfecto, significa representar la imperfección, cómo la gestionas y cómo sacas de esa imperfección un aprendizaje.

Ser modelos para nuestros hijos es saber aceptar nuestros errores, es saber disculparse y centrarse no en buscar culpables sino en buscar soluciones. Que nos equivocamos y que lo importante es que de los errores también podemos aprender.

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