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En Familia

Mi hijo no para quieto un minuto

Mi hijo no para quieto, cuántas veces lo dices al cabo del día ¿verdad?.

¿Mamá, papá, recordáis lo que sentíais por mí cuando era un bebé?.

¿Mamá, recuerdas lo que sentías cuando tu tripa no paraba de moverse y era yo que no paraba dentro de ti?. ¿Recuerdas esa conexión?.

Papa, ¿y tú?, ¿recuerdas esa emoción de tocar la tripa de mamá y sentirme?

¿Mamá, recuerdas cuando estaba dentro y dejabas de sentir que me movía?. ¿Recuerdas lo nerviosa y preocupada que estabas en esos momentos porque tenías la sensación de que algo malo me pasaba?

¿Y ahora? ¿De verdad quieres que me esté quieto?

¿Mamá, recuerdas que te enfadaras y me dijeras durante aquellos días que todavía me tenías dentro de ti  “estate quieto, no te muevas, para ya” cuando no podías dormir por la noche de lo que me movía?

¿Lo recuerdas?, ¿recuerdas todo aquello?.

¿Qué ha cambiado para que a tu hijo con 4 meses o 5 años le pidas constantemente que se esté quieto, que deje de moverse, que se quede a tu lado, que no toque eso o aquello?.

Sigue siendo un niño, se mueve, tira cosas, hace ruidos, salta, chilla, pide constantemente atención. Es un niño. No es un adulto. Los adultos somos nosotros. Y si lo piensas bien, también gritamos, tiramos cosas, hacemos ruidos y les pedimos constantemente atención, incluso mucho más que ellos a nosotros. Nos comportamos igual que lo hacen ellos. Sin embargo ellos, no tienen quejas de nosotros, sus padres. En cambio nosotros, nos pasamos el día quejándonos del poco caso que nos hacen y de lo mal que se portan nuestros hijos. Unos niños.

Somos su ejemplo y un día puede que se parezcan a nosotros. Somos su principal referente.

Sería mucho más bonito y nuestra relación sería mucho mejor, si recuperásemos esa sensación de adoración que sentíamos por nuestros hijos como cuando eran unos bebés. Los mirábamos atolondrados y nos derretíamos a su lado.

¿Añoras esa sensación verdad?

Vamos a hacer un viaje al futuro, ¿me acompañas?.

Imagínate junto a tu hijo dentro de 20 o 30 años, cuando ya sea un adulto.

mi hijo no para

¿Qué crees que recordarás cuando pienses  y vengan a tu memoria los recuerdos de cuando tu hijo solo era un niño?

Será entonces cuando quizás te des cuenta de lo poco que disfrutaste su niñez y su infancia por lo preocupado que estabas por tenerlo todo controlado, porque te hiciera caso, porque no se moviera tanto, porque se portara bien, porque hiciera todos los deberes y aprobara…….

Nos cuesta darnos cuenta del tiempo que perdemos dando más importancia  a las cosas que nos desagradan que por otra parte, lo más  probable es que sean normales y acordes con su edad, en vez de disfrutar de la oportunidad que tenemos y que la vida nos ofrece de conectar y disfrutar con ellos.

¿Somos conscientes de cuantas veces al cabo del día regañamos a nuestros hijos por cosas que de verdad a veces no son para nada importantes y de las pocas veces que nos sentamos a jugar con ellos sin ninguna otra distracción?, ¿o de las que les abrazamos y sonreímos?, ¿o que les decimos te quiero?, ¿o que le dejamos sentirnos como cuando eran bebes?. Nos necesitan igualmente.

mi hijo no para

¿No crees que si en vez de quejarnos tanto  aprovechamos para ver el lado bueno de todo lo que sucede,  las cosas irán mucho mejor?.

Los niños son niños porque deben serlo. ¿Si no son niños y hacen cosas de niños cuando tienen la edad de hacerlo, cuando podrán ser niños? ¿con 30 años?.

Reconozcamos que es complicado con el ritmo de vida que llevamos tener una paciencia infinita, pasarnos con ellos el día jugando y riendo cuando tenemos mil cosas que hacer y mil preocupaciones. Pero es necesario hacerlo, estar con ellos y disfrutar. Si vamos en contra, buscando tener niños estatuas, lo único que conseguimos son niños y padres en continuos conflictos. Niños que luchan con mucha más energía por ser niños y adultos que están mucho más agotados.

Ser padres, entre otras muchas cosas, significa ser compañeros de nuestros hijos.

Sí, compañeros. Creemos como padres que tenemos que tener la sartén por el mango y debemos llevar la batuta y el control, cuando somos exactamente iguales a nuestros hijos.

O es que nosotros como adultos ¿no nos enfadamos, no lloramos, no tenemos una rabieta, no nos descontrolamos y gritamos cuando estamos con más amigos, no rompemos cosas, no nos despistamos y olvidamos nuestras llaves?….. Claro que lo hacemos. Si nuestros hijos nos dijeran todas las  cosas que hacemos mal al cabo del día, no sé quien tendría más cosas que decir a quien.

Tenemos que entender que estamos todos en el mismo equipo y al mismo nivel. Que no somos superiores a ellos. Que cometemos los mismos errores que ellos, o incluso peores. Porque al fin y al cabo los niños gozan de tener esa inocencia que los adultos perdimos hace años.

Para lograr esa conexión de la que hablábamos al principio es necesario entender este principio de igualdad. Ellos aprenden como niños a ser adultos y nosotros como adultos aprendemos a ser padres. Los dos estamos aprendiendo. Es más, no solo les enseñamos nosotros como padres, ellos como niños nos enseñan a nosotros.

¿Qué puede ser más bonito que aprender con tus hijos?

Date la oportunidad de vivir el proceso mientras disfrutas. Da importancia a lo importante. Pon en una balanza lo que de verdad merezca la pena.

Cuando ya esté quieto, cuando se porte bien, cuando no escuches sus saltos y gritos, será adulto y se habrá ido. Disfruta ahora.

Te acompañamos a hacerlo mientras educas a tus hijos con amabilidad y firmeza al mismo tiempo.

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