Comunicación familiar ¿buena o mala?

Comunicación familiar ¿buena o mala?

Uno de los pilares sobre los que se sostiene una relación, es la comunicación. Algo que hacemos con toda la naturalidad del mundo pero que en ocasiones es lo que hace enturbiar las relaciones. En nuestro día a día, a puertas cerradas, cuando estamos en casa, a veces agotados, a veces sin ganas de hablar, la comunicación familiar puede convertirse en una especie de desahogo en el que cargamos contra la persona que tenemos delante, ya sea nuestro hijo, pareja o familiar cercano por nuestra propia insatisfacción.

¿Recordáis aquella clase del colegio en la que se hablaba de la comunicación y nos contaban lo que era el emisor, el receptor, el canal…. y todo parecía tan sencillo? Yo sí me acuerdo bien, pero se les olvidó contarnos que había más cosas.

Se les olvidó hablarnos de lo bien que se nos da entender lo que nos dice la otra persona, pero según nuestra propia visión, obviando lo que la otra persona siente y las experiencias de vida que ha tenido.

Se les olvidó también contarnos que la otra persona quizás no entienda lo que queremos decir y que por ello su comportamiento no sea el que nosotros esperamos.

Todo lo que recibimos lo interpretamos a nuestra manera y según nuestra trayectoria de vida.

Hay para quien dar una azote a un niño de vez en cuando no significa nada porque su infancia ha sido así y se encuentra “bien” y hay quien tiene claro los efectos negativos del castigo. Lo comentábamos hace unos días cuando hablábamos de la educación sin premios ni castigos.

Hay quien defiende un tipo de crianza y hay quien defiende todo lo contrario. Pero ambos buscan lo mejor para sus hijos. Nos guste o no la opinión del otro, entendamos o no sus causas y su justificación. La diferencia es el camino que hemos recorrido en nuestras vidas y lo aprendido en ese camino. De ahí la importancia de entender y comprender antes de juzgar. Si buscamos entendimiento las piezas terminan encajando.

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Normalmente estamos cerrados a los cambios, lo desconocido nos da miedo. Es mucho más seguro quedarnos con lo tenemos aunque no nos funcione. Lo que debemos recordar es que siempre hay caminos. Y aunque creamos que nuestro camino es el único, podemos dejar la puerta abierta a los demás senderos que la vida nos ofrece.

No sólo como profesionales sino como madres escuchamos muchas veces la frase “nada de lo que hago me funciona”, es ahí cuando hay que darse cuenta y dar el paso para cambiar lo que estamos haciendo.

Uno de los pasos para el cambio es mejorar la comunicación con nuestros hijos, pareja, familia  y con nuestro entorno en general.

Para lograr un comunicación positiva debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • Cuando hablemos con nuestros hijos, pareja, familia, amigos, etc,,es necesario que asumamos que no sólo hay una única razón válida. Cada cual tiene su propia razón y sus motivos para decir o hacer lo que hace. Para ti, tu razón es la válida, pero para la otra persona también.
  • Especialmente con los niños hablar sin dar rodeos. Sin sermonear. Decir las cosas de forma clara, concreta y breve. Por ejemplo, cuando nuestro hijo olvida que tiene que hacer un trabajo para el cole y se acuerda a última hora del día casi cuando ya es hora de dormir. De nada va a servir que le demos una charla interminable llena de reproches. Es mucho más fructífero emplear una comunicación positiva  y decir: “entiendo que ahora estés preocupado, ¿cómo lo vas a solucionar?”.
  • Ser empáticos y comprender la situación de la otra parte. Siguiendo con el ejemplo anterior, si se ha acordado en ese momento y no antes, lo que puede hacer que mejore nuestra relación es dar una respuesta positiva comprendiendo que el hecho de que se le haya olvidado le debe preocupar, ya que seguramente tenga consecuencias al día siguiente. Por lo tanto hacerle sentir culpable no va a ayudar a ninguno de los dos.
  • Controlar nuestro cuerpo. Puede que aunque queramos empatizar con él sin reprocharle o gritarle nuestro cuerpo diga lo contrario. Los movimientos, los gestos y nuestra expresión nos delatan. La comunicación no verbal expresa tanto o más que la verbal.
  • Tono de voz. Igualmente el tono con el que nos expresamos dice mucho. Cuidado con las ironías, especialmente en niños pequeños.
  • Escuchar antes de hablar. Mantener una escucha activa en la que la atención vaya destinada a la otra persona, no a nosotros mismos. Prestar la atención que se merece. No interrumpir para dar nuestra opinión, especialmente si no nos lo ha pedido. Piensa antes de hablar, si lo que tienes que decir va a ser una solución o si por el contrario lo va a empeorar.
  • Quedarnos con los hechos concretos de lo que ocurre, preguntar y no imaginar. Si estás esperando a alguien y ya llega media hora tarde, simplemente quédate con el hecho de la media hora tarde, no imagines que se le ha olvidado, o que no eres lo suficiente importante para que llegue a su hora, o que es un irresponsable….. no imagines. Cuando llegue el momento pregunta, observa, explica cómo te sientes y después decide lo que quieres hacer.
  • Permite que te escuchen utilizando un lenguaje calmado y positivo sin imponerte sobre el otro. Si lo haces sentirás como la otra persona te escucha y la conversación será muy diferente.

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Puede que el resultado que obtengamos en una conversación en la que la comunicación sea positiva sea “el mismo” que en una conversación en la que nuestra comunicación sea cerrada, negativa e impulsiva,  pero nosotros nos encontraremos mucho mejor y la otra persona igual. Esto hará que lleguemos antes a encontrar una solución porque hay un entendimiento. Si lo que hacemos es dar respuestas negativas, en nuestra conversación no habrá lugar a soluciones ni a entendimientos.

Para que las relaciones fluyan y no se deterioren con el paso del tiempo  es básico practicar la comunicación positiva en el día a día y perdonar los errores. Saber pedir perdón y saber perdonar es auténtica medicina.

La clave para esta práctica es la de observar. Antes de actuar de manera impulsiva, si nos paramos, para de momento sólo observar, será más fácil que lleguemos a la calma y a entender a esa persona, que si nos enzarzamos en una conversación en la que estamos alterados y actuamos sin pensar en que la otra parte tiene su propia razón y su propia verdad, que puede ser tan válida como la tuya. Es más fácil si recordamos que cada uno ha andado su propio camino y ha sorteado los obstáculos de la vida de distinta manera. El aprendizaje es propio de cada persona. Afortunadamente el hecho de ser diferentes nos hace únicos. Por eso los niños deben andar su camino y no el nuestro.

No olvidemos que los conflictos son necesarios, si no fuera así, uno estaría dominado por el otro. Aprendemos de ellos y de conocer nuestros propios errores.

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